Parroquia Purísima Concepción
Quart de Poblet - Valencia
Comentario diario

Contar con el rechazo del mundo

El Señor nos advierte, para que no nos sorprenda, que como le ha recibido y tratado ?el mundo?, así les recibirá a sus discípulos. ?Si el mundo os odia, sabed que ha odiado a mí antes?, si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán?. No se refiere Jesús al mundo que ha salido de las manos de Dios y que vio ?que todo era bueno?. No habla de la creación, sino del mundo transformado debido al misterioso pecado del principio, por el que entró ?la muerte en el mundo. ?Como por un hombre vino la muerte, también por un hombre la resurrección de los muertos. Y así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados (1 Cor 15, 21-22).

Es, por tanto, el pecado la causa de la violencia y la persecución que sufrirán los discípulos de Cristo. Es ese ?mundo? que rechaza y persigue a Cristo y a sus discípulos, quien ha introducido la muerte y el que tiene que ser redimido. Testimonio de toda esta violencia son los millares de mártires. ?Todos los tiempos son de martirio. No se diga que los cristianos no sufren persecución; no puede fallar la sentencia del Apóstol (?): todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución (2 Tim 3,12). Todos, dice, a nadie excluyó, a nadie exceptuó. Si quieres probar si es cierto ese dicho, empieza tú a vivir piadosamente y verás cuánta razón tuvo para decirlo? (San Agustín, Sermón 6,2). No deberá sorprendernos el rechazo que podamos experimentar. Mientras está en la tierra, la Iglesia «va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios» (San Agustín, ?De civivitate. Dei ?, XVI, 52, 2), anunciando la cruz del Señor hasta que venga (cf. 1 Cor 11, 26).

Las palabras que nos dirige hoy Jesús en el evangelio nos recuerdan a los cristianos de este tiempo (y los de todos los tiempos), que no se puede descender a componendas con el amor a Cristo, a su Palabra, a la Verdad. La Verdad es Verdad, no hay componendas. La vida cristiana requiere, por así decirlo, el «martirio» de la fidelidad diaria al Evangelio, el valor para dejar que Cristo crezca en nosotros y sea Cristo quien dirija nuestro pensamiento y nuestras acciones. Pero esto puede suceder en nuestras vidas solo si es sólida la relación con Dios (cf. Benedicto XVI, Audiencia 29-8-2012). ?La vida no se da sólo en el momento de la muerte, y no solamente en el modo del martirio. Debemos darla día a día. Debo aprender día a día que yo no poseo mi vida para mí mismo. Día a día debo aprender a desprenderme de mí mismo, a estar a disposición del Señor para lo que necesite de mí en cada momento, aunque otras cosas me parezcan más bellas y más importantes. Dar la vida, no tomarla. Precisamente así experimentamos la libertad. La libertad de nosotros mismos, la amplitud del ser. Precisamente así, siendo útiles, siendo personas necesarias para el mundo, nuestra vida llega a ser importante y bella. Sólo quien da su vida la encuentra? (Benedicto XVI, Homilía ordenación 7 de mayo 2007).

?No sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo?. Le pedimos a Nuestra Madre, Auxilio de los cristianos, que no nos sorprenda ese rechazo del mundo, que unidos al Señor sepamos hacer frente al pecado y, como nos exhorta san Pablo nos consideremos «muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús? (Rm  6,11?.